Cuestión de segundos
- Alessandra Ferrero

- 15 dic 2020
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 15 dic 2020
Jun 26, 2019
El 16 de julio de 1992 se perpetuó un ataque terrorista en la calle Tarata, que se encuentra en el corazón de Miraflores. Este año se cumplen 27 años del aquel atentado. Daniel Griffin es uno de los sobrevivientes. En la actualidad, él y millones de personas caminan por Tarata a pesar de lo ocurrido años atrás.

La vista panorámica de un lado de la cuadra dos de Tarata. (Foto: Alessandra Ferrero)
Escribe: Alessandra Ferrero
La calle Tarata que se encuentra en el distrito de Miraflores, por un lado limita con la cuadra seis de la avenida José Larco y por el otro lado con la cuadra cuatro de la calle Alcanfores. Tarata está cerca de la avenida Alfredo Benavides. En los años 90, en ella había un supermercado llamado Mass y hoy en día se encuentra el supermercado Vivanda al igual que hay edificios nuevos pero la memoria sigue presente. Tarata era un área comercial al igual que actualmente, solo que antes tenía acceso para carros. A pocas semanas del aniversario n° 27 del atentado de Tarata esta calle para peatones tiene un ingreso restringido para autos, es decir, ya no hay libre circulación para los conductores. Además en el lugar había un carro de policía y una ambulancia como ecos del pasado. A un lado de la calle hay un cartel que dice que el límite de velocidad es de diez kilómetros por hora. El piso está hecho con adoquines rojizos y gris oscuro, no es como una calle común que está hecha con pista.
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Era el 16 de julio de 1992 a las nueve de la noche aproximadamente cuando explotaron dos coches bomba en la cuadra dos de la calle Tarata, ubicada en el distrito de Miraflores en Lima. Según informó El Comercio, estos coches estaban cargados con 400 kilos de anfo y dinamita. Las explosiones fueron causadas por el grupo terrorista Sendero Luminoso. En la página Micromuseo informaron que entre los meses de enero a julio de 1992, treinta y siete coches bomba estallaron en Lima Metropolitana, dejando aproximadamente cincuenta muertos. El atentado de Tarata mató a 25 personas e hirió a otras 155. Las explosiones dejaron en escombros varios edificios que afectaron un radio de 300 metros. Nadie pensaba que el terrorismo afectaría zonas de clase media, se tenía la idea que solo arrasarían con lugares de escasos recursos. Desde esa noche quedó claro que cualquier parte del país podía ser destruida por el terrorismo. Según Perú 21, el 11 de setiembre del año pasado Abimael Guzmán, Elena Yparraguirre, Osmán Morote y otros siete miembros de Sendero Luminoso fueron condenados a la pena máxima por el ataque terrorista perpetrado el 16 de julio de 1992.

Abimael Guzmán, uno de los autores del atentado tiene 84 años. (Foto: Andina)
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Daniel Griffin nació el 24 de setiembre de 1971 en la ciudad de Uruguay. Durante su adolescencia se mudó a Lima, donde actualmente reside. Él es de estatura alta y contextura robusta. En su cara resaltan sus ojos grandes y redondos. Daniel estudió Comunicación Audiovisual en el Instituto John Logie Baird. Él siempre ha sido una persona dedicada a sus estudios así como a su trabajo. Daniel es responsable, organizado, solidario y honesto.
Nuestro país fue azotado por el terrorismo entre los años 1980 y 2000. Las personas vivían constantemente atemorizadas. “Era un panorama totalmente diferente al que tienen los jóvenes hoy en día. Hay una relativa tranquilidad para salir a la calle, divertirse. Nosotros no teníamos eso, de un día para otro se acabó”, expresó Daniel.
Daniel es uno de los afectados por el terrible atentado de Tarata. Él y dos amigos estaban terminando un trabajo final del instituto, la edición de una telenovela. Ellos sabían que el trabajo era largo y por ende decidieron salir a comprar comida para el resto de la noche. En esa época había toque de queda, solo podían salir hasta las 12 de la noche. Salieron antes de la hora establecida para comprar café, pan, jamón y queso. Como faltaba poco para el toque de queda solo había un lugar abierto que era el supermercado Mass, que quedaba a una cuadra de Tarata, en la Avenida Alfredo Benavides. Sin embargo, el estacionamiento estaba al final de la calle Tarata y fue ahí donde les agarró la bomba, recién se habían bajado del carro.
Primero hubo una primera explosión en la que uno de sus compañeros salió a la entrada del estacionamiento de curioso porque había sido al otro extremo de Tarata que limita con la Avenida Larco. “Como nosotros éramos estudiantes de comunicaciones, teníamos esa cosa de uy a ver si tenemos una cámara, hay que ir para grabar. En esa época, los celulares no tenían cámara, creo que ni habían celulares”, comentó Daniel. Luego, sus amigos y él dijeron que tenían que calmarse con la obsesión de grabar porque podía haber terroristas por ahí. En ese ínterin, Daniel se había olvidado cuál era la placa de su carro y se dio media vuelta para regresar al carro a anotar la placa, pues estaba en un carro prestado. Necesitaba saber la placa para que le den el ticket de estacionamiento. “Y en eso que me volteo, escucho: Cuidado que hay otra bomba. Explotó todo y salí volando. Me caí al piso. Comenzaron a llover ladrillos y piezas de metal. El motor del coche bomba venía rodando contra nosotros como una pelota. La situación de una cosa normal se transformó en una zona de guerra”, manifestó Daniel. Griffin y sus dos amigos se empezaron a buscar para ver si estaban bien. Todos tuvieron que ir a la clínica. Daniel por su parte, fue a la clínica Anglo Americana. Ahí lo atendieron, cosieron y lo mandaron a su casa.
-¿Sufrió algún daño físico?
-Perdí un poco la audición, los tonos agudos, contó Daniel.
-¿Le cayó alguna esquirla?
-Me cayeron dos esquirlas, una en la cabeza y otra en el hombro.
-Y… ¿Tus amigos tuvieron algún daño?
-A uno se le rompió el tímpano y al otro un fierro le entró en la pierna, y tuvieron que coserle diez puntos. Nos salvamos de milagro, felizmente fueron cosas menores.
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En Tarata, hay locales de peluquería, comida, hostales, casas de cambio, entre otros. Es más, algunas vendedoras que tenían sus puestos en los 90, hasta hoy los tienen ahí. Día a día las personas transcurren por este lugar sin ningún temor, no solo para comprar o consumir sino también para descansar pues hay bancas en esta calle. También, se observan varios árboles muy verdosos con troncos delgados y altos que le dan vida al sitio.

Los árboles adornan la cuadra. (Foto: Alessandra Ferrero)
Además, hay una pileta de agua al centro de la calle con una placa significativa en honor a las víctimas de Tarata que fue colocada el 16 de julio de 1994. Por un lado, en esta placa podemos leer: “La memoria de las víctimas del atentado terrorista del 16 de julio de 1992. ¡El mal nunca es camino hacia el bien! No podéis destruir la vida de vuestros hermanos… Por ello, os suplico, con dolor en mi corazón, y al mismo tiempo con firmeza y esperanza, que reflexionéis sobre las vías que habéis emprendido… Os pido, pues, en nombre de Dios: ¡Cambiad de camino! ¡Convertíos a la causa de la reconciliación y de la paz!” El autor de estas palabras es Juan Pablo II. Por el otro lado se lee “Paseo de la Solidaridad. Aquí nació un Perú unido y solidario por la paz.” En este lado se encuentra un camino de madera, mediante el cual puedes acercarte a la placa y a un código de barras que se divisa al lado izquierdo de la placa. El código de barras te lleva a videos sobre Tarata en YouTube. Cada 16 de julio, se realiza una ceremonia, para conmemorar a los afectados del atentado, a la que asisten vecinos de la zona y de todo Miraflores, así como los sobrevivientes del suceso.

La placa se encuentra al centro de la pileta. (Foto: Alessandra Ferrero)

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